En ese ritmo, la cartera deja de ser un accesorio. Se vuelve territorio, se vuelve parte de uno. Un espacio propio donde conviven lo necesario, lo urgente y lo personal. Diseño que entiende la vida cotidiana como punto de partida
Porque habitar no es solo estar en un lugar: es hacerlo propio, hacerlo único. Nace de observar cómo transcurre la vida real: días largos, espacios que cambian, rutinas que se superponen; la facultad, el trabajo, los trayectos, los tiempos intermedios, todo sucede en movimiento.

